Introducción


La biomasa, como recurso energético renovable, se deriva de distintas fuentes tanto orgánicas como inorgánicas. Ejemplos de las orgánicas son las plantas, matorrales, árboles, desechos agrícolas y ganaderos. Mientras que, entre las inorgánicas están los desechos industriales y residenciales. Ambos tipos de fuentes pueden utilizarse mediante incineración directa, la que constituye la forma más convencional. Sin embargo, existen otras formas de utilización como es el caso de obtención de biocombustibles a partir de biomasa orgánica, los cuales pueden sustituir el uso de combustibles fósiles.

Esta fuente de energía es particularmente atractiva debido a su aporte en la reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la reducción del volumen de desechos en vertederos, como también para la disminución de la dependencia de otras fuentes de energía no renovables. Esto último es muy importante para que nuestro país pueda ampliar y diversificar su matriz energética, tan dependiente de los mercados externos, como son el caso del petróleo, gas y carbón.

Otro aspecto notable de esta energía renovable no convencional, es la ausencia de la variabilidad temporal en la generación de energía, y en particular eléctrica, debido a que si se posee abastecimiento del recurso se podrá generar a la hora deseada, a diferencia de la generación eólica o solar.

Desde la perspectiva económica, esta última condición permite transformar a esta tecnología en una potencia firme del sistema con la cual se podría obtener, además del cobro por energía, el cobro por potencia que reglamenta la ley eléctrica, en la medida que las eventuales generadoras puedan asegurar suministro.

En particular, la energía de biomasa forestal tiene un vasto potencial en Chile y tiene como recursos el manejo del bosque nativo, las plantaciones forestales y los desechos de su utilización.

La tercera mayor exportación de Chile, después del cobre y el salmón, corresponde a recursos forestales y sus derivados [17], lo que implica en un elevado volumen de desechos provenientes de la industria forestal. Las grandes empresas forestales utilizan actualmente éstos desechos como recurso energético renovable para autoabastecimiento eléctrico mediante generación propia y cogeneración de calor para sus procesos industriales como el secado, entre otros.

Sin embargo, existen numerosos productores de pequeña y mediana escala que no utilizan el potencial de los desechos forestales debido a no poseer la tecnología necesaria.

Por otra parte, el manejo del bosque nativo otorga otra oportunidad de desarrollo de este tipo de energía, asegurando además de la mantención de la biodiversidad y el manejo sustentable de los bosques, un posible negocio para los propietarios del recurso. Actualmente, debido a la atomicidad en la propiedad de los predios forestales, no se hace factible el correcto manejo del bosque nativo debido al desconocimiento del potencial del recurso que se posee. CONAF [9] entrega cifras respecto a las áreas de cobertura a nivel nacional y se comprueba que el potencial es enorme, alcanzando las 13,5 millones de hectáreas.

Como tercer recurso existe la posibilidad de realizar plantaciones, al igual que como se realiza con tipos aserrables, pero del tipo dendroenergéticas o de alta tasa de producción vegetal y de alto contenido energético. Estas plantaciones permiten obtener un recurso sostenible y seguro, por lo que han sido ampliamente utilizadas en los países pioneros de la energía de biomasa forestal.

Actualmente, se estima que la superficie disponible para ser forestada en Chile es de 2 millones de hectáreas [10] y que gran parte podría ser utilizada por el tipo de plantaciones descritas. Además, su utilización ayuda al manejo de suelos erosionados o degradados debido al efecto de la acción humana, mejorando la calidad de estos ecosistemas.

Al mismo tiempo, el desarrollo de esta tecnología en nuestro país permitiría un importante desarrollo de las localidades rurales mediante la transferencia tecnológica y la creación de nuevas fuentes laborales dedicadas a la producción y utilización de la biomasa forestal.

Con los antecedentes revelados, no cabe duda que nuestro país posee un gran potencial en cuanto a energía a partir de la biomasa forestal. A continuación se desarrollarán en profundidad los objetivos propuestos.