Costo de falla
Antes de comenzar a ver las implicancias que tiene la interrupción
del suministro eléctrico en el sector industrial del país,
resulta fundamental entender el concepto de costo de falla, sus alcances
y las formas de calcularlo.
Para definir este concepto, se recurrirá en primera
instancia a lo que dice la legislación vigente. La ley eléctrica,
en su artículo N° 99, define el costo de falla o costo de racionamiento
como: “el costo por kWh incurrido, en promedio, por los usuarios, al no
disponer de energía, y tener que generarla con generadores de emergencia,
si así conviniera”. Posteriormente la ley agrega en el mismo artículo:
“Este costo de racionamiento se calculará como valor único
y será representativo de los déficit más frecuentes
que pueden presentarse en el sistema eléctrico”.
También podría definirse como lo que estarían
dispuestos a pagar los usuarios por 1 kWh adicional en condiciones de racionamiento
o interrupción del suministro eléctrico, es decir, cuando
la oferta del sistema no es capaz de satisfacer por completo la suma de
las demandas individuales de la totalidad de los usuarios. Es relevante
mencionar que aunque cada consumidor, sea residencial, comercial, industrial
o de cualquier naturaleza, tiene un costo de falla distinto, la ley uniforma
las disposiciones distintas a pagar y establece un valor único que
corresponde a un promedio de ellas.
Otra forma de definir el costo de falla en el suministro
eléctrico, que aparece en la literatura, es como una medida en unidades
monetarias del daño económico y/o social que sufren los consumidores,
producto de la reducción de la calidad de servicio, y en especial
por la energía no suministrada.
La ley también establece en otro de sus artículos,
el 99 bis, refiriéndose a las empresas generadoras que: “Estas,
por su parte, deberán pagar a sus clientes distribuidores o finales
sometidos a regulación de precios, cada kWh de déficit que
los haya afectado, sobre la base de sus consumos normales, a un valor igual
a la diferencia entre el costo de racionamiento y el costo básico
de la energía”. En este punto, la ley hace una clara alusión
a que las empresas generadoras deben compensar a sus usuarios por los gastos
y/o pérdidas que sufrieron producto de la falta de suministro eléctrico.
Este mismo artículo, tiene una disposición
muy polémica, la cual dice lo siguiente: “Las situaciones de sequía
o las fallas de centrales eléctricas que originen un déficit
de generación eléctrica que determine la dictación
de un decreto de racionamiento, en ningún caso podrán ser
calificados como fuerza mayor o caso fortuito”. Esta disposición
significó un gran cambio con respecto la antigua ley, que consideraba
como caso extremo una hidrología similar a la peor de la cual se
tenía registro, esto eximía a los generadores de tener que
compensar a sus usuarios si se producía una sequía peor a
la mencionada.
Dificultades para medir el costo de falla
El suministro satisfactorio de energía eléctrica
representa un valor varias veces superior al precio de la energía
en razón de los perjuicios sociales y económicos que acarrea
un racionamiento.
El costo de falla constituye algo difícil de valorar
dada la serie de factores que influyen en él. Las principales dificultades
se plantean por las siguientes razones:
-
En muchas aplicaciones la energía eléctrica
produce un aumento en la calidad de vida, lo que la mayoría de las
veces no puede considerarse como algo económicamente transable.
-
En otras aplicaciones, en las cuales el producto es un bien
transable, no existe una relación rígida entre el empleo
de la electricidad y la producción final.
-
El costo de falla varía ante la existencia o no de
selectividad en la restricción, o si ésta afecta a todos
los consumidores por igual o no.
-
El valor del costo de falla puede variar en forma importante
dependiendo de factores como:
-
La magnitud de la falla.
-
La duración de la interrupción.
-
El tipo de usuario afectado.
-
La frecuencia de las interrupciones.
-
El nivel de tensión del afectado.
-
La hora, día, estación en que ocurre la falla.
Por lo antes descrito resulta claro lo complejo que es estimar
el costo de falla.
Metodologías de evaluación del costo de falla
Existen varios procedimientos para evaluar el costo de falla.
Algunos de estos son:
1. Análisis econométrico:
consiste básicamente en la estimación del costo de falla
a través de modelos econométricos. Así por ejemplo,
para estimar el valor medio del impacto de la interrupción del suministro
sobre un consumidor industrial, se relaciona el volumen de producción
de éste con una serie de factores, entre los cuales esta el consumo
de energía eléctrica. Luego, es posible encontrar el punto
para el cual el consumidor se encuentra indiferente ante una determinada
carencia de suministro, a cambio del pago de un monto monetario específico.
Se puede afirmar que la ventaja de este procedimiento recae en su
fundamento teórico, sin embargo para llevarlo a la practica se requiere
un número de supuestos y simplificaciones que lo han hecho perder
terreno respecto de los métodos directos.
2. Métodos directos:
consisten fundamentalmente en la realización de encuestas a los
clientes para averiguar el costo de falla. Generan también información
complementaria, que le da solidez a su evaluación. Así es
posible tener, con una adecuada elaboración de la encuesta, una
amplia base de datos del costo de falla para distintos tipos de abonados,
duración de la interrupción, tipo de interrupción,
etc.
3. Método implícito:
utilizado principalmente por la empresa eléctrica francesa (EDF),
parte del supuesto que el plan actual de expansión de la empresa
eléctrica, es económicamente óptimo desde un punto
de vista global, esto es, incluyendo el costo de falla. Como el plan y
los costos (exceptuando el de falla) son conocidos, es posible estimar
el valor medio de la energía no suministrada de las condiciones
de optimalidad.
Análisis econométrico aplicado al sector industrial
Como ya se explicó esta metodología emplea
variables econométricas en su formulación. Resulta entonces
muy atractivo el estudio realizado por P. Jaramillo y E. Skoknic ya que
ilustra perfectamente como utilizar esta metodología en el cálculo
del costo de falla.
Estos ingenieros, que pertenecía a la oficina
de Planificación de Endesa, en 1973 realizaron un estudio para evaluar
el costo de falla de interrupciones de largo plazo en chile, esto quiere
decir que los resultados obtenidos no son aplicables a interrupciones de
corto plazo como fallas intempestivas en líneas de transmisión
o en unidades que proporcionan la potencia de punta.
Análisis global.
El análisis establece una relación ente una
o más variables macroeconómicas que abarca tanto las circunstancias
de bienestar social, como las económicas. La desventaja que este
método tiene radica en requerir de hipótesis que se alejan
de la realidad, lo cual produce la sobreestimación del costo de
falla.
Las hipótesis son:
· Relación
tecnológica estricta entre consumo eléctrico y variables
macroeconómicas (lo que es discutible).
· Absoluta
falta de selectividad en las restricciones eléctricas (posible en
restricciones importantes; lejano a la realidad, para pequeñas).
Entendiéndose por selectividad perfecta de las restricciones, la
capacidad de cortar el suministro eléctrico por orden creciente
de costo de falla.
Los autores usaron el Producto Geográfico Bruto
(PGB) como variable macroeconómica.
Considerando el hecho de que una falta de suministro
eléctrico produce una caída del PGB y definiendo "C" como
consumo eléctrico, es posible recurrir al concepto de elasticidad
para obtener el costo marginal de la restricción (K).
Combinando ambas ecuaciones se obtiene:
Como ya se mencionó, K constituye una sobreestimación
y debe ser analizada como tal.
Análisis sectorial.
Este análisis estudia en forma específica a
los sectores afectados por la falta de suministro, determinando un costo
de falla por sector. Este enfoque posee la ventaja de permitir diferenciar
entre los distintos usos del recurso eléctrico. Así, están
aquellos cuya relación tecnológica con el consumo de energía
eléctrica es bien definida, y otros en los cuales la electricidad
no es fundamental. Para llevar a cabo este procedimiento se hace necesario
prescindir de todos aquellos usos que no puedan ser evaluados monetariamente.
Además, en un primer cálculo se supone selectividad perfecta
del sector restringido en orden creciente de costos (esto no es posible
eléctrico). Con estas dos suposiciones se produce una clara subestimación
del valor de la restricción
Análisis del sector industrial.
El costo nacional de una restricción para este sector
se basa en el impacto que ésta tiene sobre el PGB. Para el cálculo
se utiliza la matriz de Insumo-Producto de la economía y datos adicionales
del consumo de energía por rama de la industria. Se exige el cumplimiento
de los siguientes requerimientos:
· Relación
tecnológica estricta entre producto y consumo de energía,
para las distintas ramas industriales.
· Falla de
importancia y duración relativamente considerables.
La primera exigencia se cumple para un análisis
a nivel suficientemente desglosado. Para satisfacer esto se debió
recurrir a la matriz de lnsumo-Producto de 1962. La segunda es la base
de tiempo sobre la cual trabajan los autores.
Es claro que una reducción del suministro a una
rama industrial reduce su producción, y por tanto sus requerimientos
de insumos. Esto trae consigo la disminución de la producción
y consumo eléctrico de los proveedores.
Para reflejar estas variaciones se puede recurrir a los
elementos bij de la matriz de requisitos directos e indirectos. Los bij
miden la disminución de la producción de cada sector, cuando
la demanda total del sector de destino se reduce en una unidad monetaria.
Luego, la modificación total del consumo eléctrico por unidad
monetaria de variación de la demanda final del sector de destino
i, es:
La pérdida de valor agregado total al restringiese
en un kWh el consumo del sector de destino i, será el recíproco
del valor anterior. Es decir:
Para el resto de los sectores económicos que abastecen
las ramas industriales, se supone la no reducción de su consumo
eléctrico.
Se consideró que la restricción sólo
afecta a aquella producción destinada a productos finales.
Con estas formulaciones es posible obtener el costo de
falla por rama de la industria.
Comentarios sobre este método.
Es claro, como los mismos autores indican, que este análisis
provee de un rango dentro del cual se mueve el costo de falla. También
es importante resaltar que la validez de la información extraída
de los resultados numéricos, está muy condicionada a los
supuestos utilizados. Esto se puede observar en el hecho que para estimar
el valor de la restricción en el sector industrial, se requiere
de una matriz insumo-producto lo suficientemente desglosada. Así,
si no es posible cumplir este requerimiento, o la información disponible
es difícilmente extrapolable, los resultados obtenidos llegan a
ser poco reales.
El trabajo de Jaramillo y Skoknic permite ejemplificar
el hecho que los análisis econométricos necesitan una serie
de suposiciones y simplificaciones, las cuales muchas veces van más
allá de lo permisible. Esto, desde el punto de vista de la solidez
de los resultados que se pretenden obtener.
Aunque la base teórica en que los análisis
se sustentan es en general robusta, se aprecia que las variables econométricas
no permiten establecer una relación tecnológica rígida
entre consumo de energía eléctrica y producción.
Todos estos factores han relegado a un segundo plano
a los análisis econométricos y producido un cambio
importante en cuanto a la forma de evalúa el costo de la falta de
suministro eléctrico. A lo anterior se suma la poderosa tecnología
computacional existente en la actualidad, la cual permite procesar en forma
rápida y eficiente la información de los métodos directos
a costos razonables.
Metodología directa aplicada al sector industrial
Una estimación adecuada del costo de falla requiere
conocer cómo las empresas enfrentarían eventuales racionamientos
en el suministro eléctrico de diferentes magnitudes y duraciones,
y los costos asociados a estos ajustes. Dado que esta información
se encuentra en las empresas, no resulta extraño que las encuestas
sean el método más usado, ya sea con cuestionarios o con
entrevistas.
Algunos autores critican las encuestas basadas en situaciones
hipotéticas porque los entrevistados pueden exagerar sus costos
de falla y porque quienes no han sufrido una falla desconocen las alternativas
de ajuste que disponen.
Los problemas anteriores no son tan determinantes cuando
la encuesta se desarrolla poco después de un racionamiento (que
sería el caso actual) ya que las empresas generalmente conocen las
alternativas que tienen para enfrentar la restricción y saben los
costos que estas involucran ya que probablemente debieron evaluarlas para
superar el racionamiento. También disminuyen estos problemas cuando
el costo de falla entra en el cálculo de la tarifa eléctrica
y los encuestados lo saben, ya que no les resultará conveniente
inflar los costos ya que saben que eso les significará un aumento
en la tarifa eléctrica.
El costo de falla depende de la seguridad del sistema,
de las tecnologías productivas y de la composición sectorial
del PIB, factores que cambian en el tiempo. En particular, si la percepción
de los consumidores respecto a la seguridad del sistema se modifica, entonces
cambian las medidas adaptativas de largo plazo y con ello el costo de falla
esperado en el corto plazo. Por ello, es necesario que las encuestas se
centren en un periodo de tiempo específico.
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